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La sonrisa como medicina

La sonrisa como medicina

Hay días en los que despiertas y no te espera nada “especial” por delante. Amanece como de costumbre, te levantas y sigues automáticamente la misma rutina de siempre. Casi ni piensas en nada más allá de lo que tienes que hacer en ese momento. Porque no hay mucho más en lo que pensar. O eso crees.

Especial. Cómo nos gusta hablar de las cosas importantes y especiales. De esperarlas. De soñar con ellas incluso estando despiertos. De recrearnos en ellas una y otra vez, dándole al play de nuestra imaginación y desgastando el botón de repeat de tanto usarlo.

De hacerles hueco en las agendas, señalando el día D y la hora H aproximada, con bolis de colores, post-it y cintas de colores. Lo que haga falta. De planificarlas de principio a fin, para disfrutarlas desde el minuto cero, como si fuera una retransmisión de un partido. De pensar en mañana y en lo que vendrá, de conjugar en tiempo futuro la felicidad.

Lazos bien fuertes, que ninguna tijera puede cortar

 

Una sonrisa es la mejor de las medicinas que podamos tomar. Se prescribe sin receta y sin ser titulado médico. Se contagia con asombrosa y gran facilidad sin importar raza, edad o sexo. Liberan todo tipo de analgésicos naturales que mejoran nuestra vida.

Una sonrisa trae felicidad, para ti y para todos aquellos que estén contigo. Genera confianza, buen rollo y positivismo. Atrae, seduce y enamora. Es el mejor vestido que puedas llevar puesto y no hay maquillaje que la iguale. ¡Y es gratis!

Es llave que abre la puerta de las reconciliaciones, esas que en ocasiones parecen insalvables. Es capaz de obrar milagros, calmar tempestades y crear las mejores melodías musicales. Es capaz de aliviar nuestras penas, aunque no las solucione, eso es cosa nuestra. Nos relaja, nos da energía, nos da vida. Nos damos vida.

La sonrisa como medicina

No la escondas y compártela, dicen que no es bueno ser egoísta.

Un gesto sencillo, pero especial. De los que nos gustan a todos. De los que debería ser un hábito diario, como lo es comer no sé cuántas piezas de fruta al día y hacer ejercicio. Derecho y deber. Sonreír sí o sí. De los que nacen solos, sin pensarlo, sin obligarnos a hacerlo. Natural y espontáneo 100%.

Es una bonita formar de empezar el día. Un día gris, aburrido y monótono en un principio. que no prometía mucho, hasta que empezar a prometer muchísimo. Que empezaba como otro cualquiera, hasta que se convirtió en un día que valdría la pena recordar. Y no por grandes cosas, sino por un pequeño “accidente”.

Porque de un reencuentro mañanero, inesperado y casual, vendría uno mejor y más multitudinario. Con café y tarta de chocolate de acompañamiento. Rodeado de una buena compañía, de las mejores, de las que por años que pasen, siguen intactas. De las que te acaban sabiendo a poco y acaban pensando en la próxima.

Porque siempre hay una próxima. Una próxima llamada, inesperada pero bienvenida, cuando estás perdido en el supermercado haciendo la compra. Un próximo reencuentro casual mientras paseas al perro un día cualquiera. Un próximo mensaje de última hora que te alegra lo que queda de día. O de noche.

Porque si es bonito empezar el día con una sonrisa, mejor aún es acabarlo sonriendo.

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