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El dolor en la vida según el budismo – parte 1

El dolor en la vida según el budismo – parte 1

Si bien la aspiración de todo ser humano es buscar la felicidad, el dolor en nuestras vidas es en cierto modo inevitable y una realidad con la que también deberemos relacionarnos.

A pesar de que todas las formas de vida aspiran a un estado de gozo-felicidad estable y duradero, la experiencia que más a menudo nos encontramos todos por igual es la del dolor y el sufrimiento. La experiencia del dolor y el sufrimiento es tan universal que los seres humanos la compartimos tanto con los animales como con las plantas.

El dolor inevitable en el día a día

En el budismo se distinguen dos aspectos en la experiencia de dolor. Hay un aspecto del dolor que es consustancial a la vida. Por ejemplo, el nacimiento es una experiencia dolorosa tanto para la madre como para el hijo. Puede ser más o menos dolorosa, según muchos factores, pero en general es una experiencia dolorosa. Evidentemente, podemos hacer que el nacimiento sea lo menos traumático posible, pero aún así sigue siendo una experiencia traumática. El crecimiento también va acompañado de malestar y de dolor, tanto corporal como emocional-psicológico. A lo largo de nuestra vida aparece a menudo la enfermedad, propia o de los seres queridos. Con el tiempo nos vamos haciendo viejos y perdemos facultades, lo que se traduce en más dolor, físico y emocional. Por último, aparece la muerte, tanto la propia como la de aquellos que nos rodean. Y estas experiencias inevitables producen dolor.

Pero no sólo estas experiencias en la vida nos causan dolor. Otras experiencias que nos pueden causan dolor son por ejemplo la pérdida del trabajo o de un ser querido, el ser abandonado por tu pareja, etc. Existe un gran número de experiencias inevitables que forman parte de la existencia misma. 

Mujer con dolor espiritual

Existen, pues, ciertas experiencias dolorosas que son inherentes a la existencia humana. Si bien es cierto que los grandes avances en las ciencias están permitiendo reducir o evitar muchas de las situaciones dolorosas con las que se han encontrado nuestros antecesores, es ilusorio concebir una existencia humana exenta completamente de dolor. 

Hay un aspecto del dolor, el inevitable, ante el cual la única actitud adecuada es la de aceptarlo como un elemento más de nuestra vida. 

Otras formas de dolor son, por el contrario, evitables, puesto que son creadas por el propio ser humano. ¿Por qué unas personas se derrumban en un abismo de dolor y otras, sin embargo, ante una misma situación, mantienen una actitud de calma y sobriedad? La diferencia no se encuentra en el suceso objetivo, sino en la percepción subjetiva. Esto nos lleva a descubrir que gran parte de las aflicciones que padecemos son generadas por nuestra propia mente. 

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